
Descubrí la sonrisa de la luna,
perdida entre los cerros arañados.
Y ví un cielo derramarse en estrellas
calada hasta los huesos por el llanto.
Ví a la ternura dormirse en un hombro
y escuché al amor cantar una nana:
“Déjame arroparte con mis sueños
y trenzarte el cabello de esperanzas.
Déjame cercar las injusticias,
lejos de tus ojos,
lejos de tus manos,
lejos de tu espalda.
Déjame agarrarte las manitas
y contener tu niñez desperdiciada.
Déjame beber tus amarguras
y sanar tus alitas malogradas,
no te duermas, mi niña,
despierta a la vida,
descubre tu alma”
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